PRIMERA PARTE
Bueno aquí de Nuevo con otro de mis relatos y a continuación un nuevo dibujo. ¡Saludos y que los disfrutéis!

AL ACECHO
PARTE I
29 de Octubre
Ocurrió tan deprisa que apenas se hubo dado cuenta de que una gran pared de ladrillo bloqueaba sus piernas. Intentó incorporarse pero el dolor se lo impedía. Gritó con todas sus fuerzas para hacerse oír entre aquellos escombros que impedían la entrada del sol. Con sus brazos libres intentó levantar aquellos grandes fragmentos de pared para poder liberarse pero era completamente inútil.
-¡¡Alex!!- gritó a pulmón abierto.
Su voz se quebró y tan solo obtuvo el silencio como respuesta.
-Maldita sea, ¿Para que demonios tuve que aceptar esa oferta?- susurró para sí mismo.
Una de las cañerías más cercanas terminó reventándose y el agua salió a presión contra su pecho. Estaba helada y sin poder evitarlo soltó un grito sordo.
-¡¡Alex!!- volvió a gritar pero su voz se ahogaba junto con el sonido del agua.
Buscó su mochila a su alrededor y la halló a unos dos metros de su posición. Estaba cubierta de escombros y las correas estaban rotas y arrancadas de cuajo. Al contemplar el estado de ésta los latidos de su corazón se aceleraron y de nuevo el miedo creció y recorrió su espalda en forma de escalofríos.
-¿Y si sigue vivo?
La presión de la cañería disminuyó y el agua dejó de golpearle el pecho. Ya que los escombros habían sido mojados se le ocurrió que podría sacar sus piernas. Estiró y gritó cuando las movió unos pocos centímetros, el dolor era insoportable.
-Esto no va bien, no va nada bien- dijo con la voz temblorosa.
Recostó su cuerpo no atrapado y estiró lo mejor que pudo los brazos para alcanzar la mochila. No lo conseguía, apenas lograba acercarse a ella unos centímetros. Frustrado apretó los dientes y con la ayuda de un pedazo de puerta cercano la alcanzó. Se dibujó una sonrisa en su rostro cuando encontró el teléfono móvil.
Apenas tenía cobertura.
Sin perder las esperanzas marcó el número de emergencia; 112. Le dio al botón de llamada y con las manos temblorosas lo llevó a su oreja mojada.
-Vamos contestad- dijo en un hilo de voz.
De inmediato comenzó a escuchar un rugido, como el gemir de un perro o de algún lobo. El joven pensó que eran interferencias del teléfono móvil pero cuando el sonido fue más fuerte supo de quien se trataba.
-Sigue vivo- su voz fue a penas un susurro.
Alejó el móvil de su oído para escuchar mejor al desconocido. Escuchó como una baldosa caía al suelo fuera del lugar donde él estaba atrapado y a continuación unos fuertes pasos que partían las mismas a cada pisada.
El joven intentó buscar la puerta entre los restos de los retretes y los lavabos de aquel baño, pero había sido aplastada por los escombros. De nuevo forzó sus piernas para poder huir, fue inútil. Necesitaba ayuda pronto o no lo conseguiría.
-No podrá pasar…Alex ¿Dónde estás?
26 de Octubre
Como todas las mañanas su despertador sonaba con un molesto timbrecito que lo sacaba siempre de su profundo sueño. A regañadientes salió de la cama al cabo de unos tres minutos. Fue directo al baño se quitó el pijama y se dio una ducha rápida mientras que en la cocina su madre miraba las primeras noticias y preparaba el desayuno. Arreglado se sentó junto a ella y los dos desayunaron en silencio. El hombre del telediario habló sobre la desaparición de un hombre hacía unos días y el descubrimiento de su cuerpo en terribles condiciones.
-Hay que ver que mal que está el mundo hoy en día- dijo su madre soltando un susurro.
-Uno menos- contestó el joven.
-¡¡Adam!! No hables de ese modo y ahora vete que llegarás tarde al instituto.
-¡No hay ganas hoy! ¿A quién le apetece ir a la cárcel el lunes?
Su madre le miró con desaprobación.
-No es una cárcel, Adam. Es un lugar donde aprenderás y sacarás tus estudios, así que venga.
Sin decir palabra cargó su mochila al hombro y salió de su piso cerrando la puerta con llave tras de si.
En tan solo diez minutos llegó a su instituto donde todos sus compañeros estaban gritando y lanzados papeles en clase. El profesor todavía no había llegado y como todas las mañanas sus compañeros la armaban.
-¡Pero si ha llegado el “Algodones”!- le gritaron sus compañeros.
Con una mueca de repulsión hacia ellos se sentó sin decir palabra mientras centenares de “canutos” se estrellaban contra su nuca.
-Todos los días igual, la misma historia, los mismos problemas con estos orangutanes- le dijo su amigo Alex sentado a su lado.
Por la puerta apareció el profesor de Ética con rostros de muy pocos amigos. Se plantó en medio de la clase sosteniendo, lo que el llamaba, su libretita de ceros.
-¡¡Todos los días vengo y veo éste desastre!! ¿Todavía no sabéis que sois alumnos de cuarto?- habló con el tono de voz más elevado de lo normal y su paciencia se fue desvaneciendo cuando unos cuantos alumnos reían entre ellos.
Con un fuerte grito señaló con el dedo a unos cuantos y les echó al pasillo.
-¡Juer! Pos si no echo na- le contestó uno.
-¡¡A la biblioteca los cuatro!!
-¡Eh! Tranquilo hombre no sea que te de un infarto- dijo el otro.
El profesor no dijo nada, tan solo cerró la puerta con estrépito en sus morros. A continuación se sentó y comenzó su clase.
La mañana se hizo larga para todos los alumnos que regresaban a sus aulas un lunes. Cuando llegó la hora del descanso todos salieron gritando y dándose empujones mientras que otros lanzaban sus almuerzos contra los más despistados.
El patio aquel día estaba lleno de gente concentrada en un solo punto formando un semicírculo alrededor de una de las partes del muro. Lo primero que pensó Adam en aquel instante fue que había otra pelea. Cuando llegó allí vio lo que en realidad todos contemplaban; el muro había sido agujereado quizás por un fuerte golpe y algunos de los alumnos habían salido fuera en busca de algún coche accidentado.
Los profesores despejaron el ambiente y se reunieron en torno al desastre.
-¿Quién podría haber echo algo así?
-Quizás haya sido un accidente.
El jefe de estudios se reunió con ellos:
-Esta tarde vendrán a arreglarlo.
Adam apenas había prestado atención a la anécdota de su amigo Alex, no había apartado en todo momento la mirada de aquel agujero y sobre todo no había apartado la mirada a unas extrañas marcas situadas alrededor de la brecha. Aunque no leía muchos libros ni veía muchas películas aquellas marcas le recordaron a unas fuertes garras afiladas supuestamente de algún animal inmenso con fuertes dientes afilados. Tras pensar eso Adam soltó una carcajada.
-¿De que te ríes? ¿Acaso lo que me pasó el sábado es de risa?- dijo molesto Alex.
-No me río de ti, estúpido.
-Bueno pues entonces sigo.
-Continúa- su voz sonó cansada.
Aquella misma noche el joven cenó a solas con su madre. De nuevo el telediario anunció el hallazgo de cinco cuerpos mutilados, al parecer tres hombres y dos mujeres que trabajaban como camareros en un bar.
-¡Dios mío! Los han encontrado a solo dos manzanas de tu instituto. ¡Yo conozco ese bar!- dijo su madre asustada.
Los dos siguieron escuchando la noticia con atención. Al parecer la policía sospechaba que las dos víctimas habían sido atacadas por un animal de grandes proporciones.
-Y yo que pensaba haberlo visto todo- murmuró Adam.
27 de Octubre
Siempre se había sentido solo en aquel centro, el único amigo que tenía era una de las personas más respetadas por los demás compañeros y aun así el nunca se había librado de las tonterías de los demás, de sus insultos y de sus bromas. Aquel día en clase al fin le sacaron de sus casillas cuando un chico amenazó con darle una paliza al salir de clase.
-Eres un cobarde, al salir te daré una buena paliza- dijo Juan una de las personas que más odio sentía Adam.
-Yo no soy ningún cobarde- contestó con la voz firme.
Todos se rieron.
Juan, que medía dos palmos más que él, se acercó y le agarró de la camisa hasta levantarle del suelo.
-Ya que tan valiente te crees ¿Por qué no estás una noche entera durmiendo en el instituto? Dicen que hay un animal suelto por aquí cerca, ¿Y si le haces compañía?
-Deja de decir tonterías, Juan- dijo Alex detrás de ellos- Según la policía es peligroso no saben quien ha causado los asesinatos.
-Si quieres que todo el mundo no te considere un cobarde tienes que pasar la noche del miércoles en el instituto- insistió Juan.
Adam le golpeó el brazo y pudo librarse de él por un instante.
-Acepto tu oferta, gigante de hierro. No tengo miedo de ningún asesino ni de ningún animal.
Todos comenzaron a reír de nuevo, Adam se sintió humillado.
-¡¡Basta!!- gritó- ¡¡Serán cien euros ha que si y respeto durante todo el curso!
-¿Y si no aguantas toda la noche?
-Os pagaré los cien euros y seré un cobarde.
-Está bien, pero si te cagas encima no nos eches la culpa a nosotros- dijo Juan en tono burlón mientras el resto seguía con sus carcajadas.
En el recreo todos le miraban y se reían al mismo tiempo, Adam apenas pudo almorzar tranquilo.
-Estás loco, ¿lo sabías?- le dijo Alex.
-Tan poco es para tanto, dormiré en los baños.
-Adam, se que te sientes un poco acomplejado por culpa de ellos, pero no les hagas caso. ¡¿Y si te pasa algo?! ¡¿Y si no lo consigues de donde sacas el dinero?!
-No seas bruto, ¿Qué me iba a pasar? Además no hará falta tener ese dinero.
-Es que lo del asunto del animal es peligroso, no se si habrás visto las noticias hoy pero ha muerto otra persona y bastante cerca de aquí.
-Alex, es solo una noche. No me pasará nada.
Cuando la mañana en el instituto terminó el joven pensaba en su decisión de vuelta a casa. Una decisión no muy sensata para alguien como él, pues sabía que su madre estaba sola y que si algo malo le sucediera la dejaría destrozada de alma y de corazón. Pero no podía continuar el curso de aquella manera, pedía un poco más de respeto y si hacer tal locura mejoraba su situación la haría sin dudarlo.
28 de Octubre
A las tres de la tarde sonaba el timbre aquel día. Todo estaba planeado por el mismo, nada más el instituto se quedó vacío se escondió en uno de los armarios de la biblioteca situada en la segunda planta. No tenía que preocuparse de su madre, ya que ella creía que estaba en casa de Alex haciendo un trabajo y debía pasar la noche allí.
Haciéndolo de ese modo era la única manera de poder quedarse toda la noche, ya que cierran el instituto y es imposible acceder sin forzar las puertas.
A las seis de la tarde no había ninguna persona que fuera una amenaza para él y su apuesta.
Aburrido decidió pasearse por todas las clases y plantas del instituto mientras escribía cosas en las pizarras como su nombre o “Adam ha estado aquí”
Cuando al fin los últimos rayos del crepúsculo dieron paso a la noche cenó en silencio un bocadillo en el laboratorio de biología.
Con la ayuda de la linterna buscó el lugar indicado para pasar la noche. Le pareció que la biblioteca era la mejor opción, un lugar donde no haría mucho frío.
Durante dos horas permaneció allí tumbado sin poder dormir. Comenzó a sentirse solo y ha echar de menos su cama.
-Si que soy estúpido- dijo.
El estar rodeado de libros y de polvo hizo que a su mente regresaran sus más profundos recuerdos.
Escuchó un aullido que provenía del primer piso sacándolo de sus pensamientos. Asustado se incorporó y tomó la linterna. Salió al pasillo y caminó despacio hacia las escaleras que descendían a la planta inferior. De nuevo escuchó el aullido pero esta vez más cercano y mucho más feroz. Retrocedió dos pasos con la respiración acelerada sin atreverse a bajar.
De pronto echó a correr con todas sus fuerzas cuando escuchó la agonía de un hombre mientras un desconocido acababa con su vida. Adam no vio como lo hacía pero tampoco le apetecía comprobarlo. Asustado se ocultó en la biblioteca entre las estanterías y se acostó cuan largo era para observar la puerta por debajo de éstas.
Cuando los pasos se oyeron en la segunda planta el joven sintió como su corazón latía con fuerza. Sus piernas comenzaron a temblar y su respiración se aceleró. El desconocido se detuvo delante de la puerta de la biblioteca.
-Mierda- pensó Adam.
A juzgar por el sonido de la respiración del desconocido, tan áspera y ruidosa, no se trataba de una persona normal. El muchacho se sobresaltó cuando de pronto la puerta fue destrozada en mil pedazos por aquel ser y Adam vio lo que parecían ser sus piernas.
Tenían abundante pelo, fuertes garras y sin duda el individuo no caminaba sobre piernas sino sobre patas.
Algo le dijo a Adam que aquella cosa sabía que él estaba en la biblioteca. Con pasos lentos la criatura comenzó a examinar las estanterías olisqueando el aire en busca del chico. Adam se levantó con mucho sigilo y pasó al siguiente pasillo de libros. Se asomó un momento por debajo en busca del desconocido pero ya no veía sus patas.
-¿Dónde está?- pensó asustado.
Salió de la sección de terror y sin pensarlo dos veces corrió hacia la salida de la biblioteca. Nadie le detuvo el paso ni hubo rastro alguno de la criatura mientras corría por el pasillo con todas sus fuerzas en busca de una salida.
Alguien salió de la biblioteca con pasos lentos y el rostro cubierto de sangre. Medía al menos dos metros y su cara poseía unos fuertes rasgos de lobo. Caminaba sobre dos patas y jadeada de placer al saber que pronto obtendría su siguiente bocado.
CONTINUARÁ…
Y ahora el dibujo...Bueno que paséis un buen día.




